Las residencias de estudiantes se ponen de moda

Hay momentos de la Historia en los que todo aquello que parecía obsoleto termina poniéndose de moda una vez más. Para ello incluso tenemos expresiones como «vintage», que definen a la perfección lo que estamos hablando. Se trata de un asunto que ocurre en todos y cada uno de los ámbitos de la vida: los productos que las empresas comercializan, los hábitos de la gente, las corrientes de pensamiento… No hay un solo parámetro en la sociedad que no haya sido afectado por alguna tendencia pasada que parecía obsoleta pero que ha terminado poniéndose de moda o, como se dice ahora, siendo trending topic.

Os traemos un ejemplo que ilustra lo que hemos comentado en ese primer párrafo. Hablamos del gusto por las residencias de estudiantes como mejor lugar de convivencia entre jóvenes que se encuentran en proceso de formación como profesionales de cualquier campo. Durante muchos años, es cierto que lo habitual era adquirir un piso porque daba la sensación de que eso permitiría al joven o la joven disponer de más libertad, algo que nunca ha sido realmente cierto. La subida de los precios en el alquiler de los pisos ha vuelto a poner a las residencias de estudiantes en lo alto de las preferencias de las familias de los estudiantes.

Y para muestra, un botón. Una noticia publicada en el diario El Español aseguraba el número de plazas totales en las residencias de estudiantes de todo el país iba a ser de 105.000 y que, además, había un gran apetito inversor en todo lo que rodeaba a este sector. Esta es la mejor prueba de que lo que veníamos diciendo en el párrafo anterior es cierto y que las residencias de estudiantes han vuelto a ponerse de moda en los últimos años. Son muchas las familias que ya han apostado por ellas y muchas más las que, en los próximos cursos, van a, como mínimo, sondear la posibilidad de que uno de sus jóvenes se traslade hasta allí para cursar sus estudios.

Por mucho que cualquier cosa que os imaginéis esté pasada de moda, siempre habrá un momento futuro en el que volverá a estar en boca de todo el mundo. Es precisamente eso lo que está ocurriendo con las residencias de estudiantes, que viven su particular Edad de Oro en función de los datos como los que nos han ofrecido desde la Institución del Divino Maestro. Y es que, en lugares como la Comunidad de Madrid, esta ya es la preferencia más demandada por parte de los alumnos universitarios.

Menos preocupaciones

Residir en uno de estos lugares conlleva el hecho de no tener más preocupaciones que las inherentes a obtener nuestros aprobados en la universidad. Desde luego, no hay que estar al tanto de limpieza o de hacer comidas, algo que, en determinados momentos del año, puede quitarnos tiempo para preparar exámenes o realizar trabajos y repercutir de una manera negativa en nuestros resultados finales. La verdad es que es mejor tener la cabeza libre de obligaciones para cuando llegan los siempre tan temidos finales de cuatrimestre.

Y eso de que permanecer en una residencia de estudiantes no es divertido es algo que dista mucho de la realidad. Podéis preguntar a muchas personas dónde han conocido a los amigos y compañeros más fieles durante toda la carrera, porque mucha gente os hablará de las residencias de estudiantes. Se trata de lugares en los que, al contrario de lo que muchas veces se ha pensado (sin pruebas evidentes, por cierto), la diversión tiene una presencia que está más que asegurada. No podía ser de otra manera.

Podíamos hablar, por otra parte, del índice de aprobados y casos de éxito entre los estudiantes que habitan estas residencias. Y es que este índice es bastante superior al de todos aquellos que se han marchado a un piso. En muchos casos, eso tiene que ver con el excesivo precio de alquiler de los pisos, que obliga a los y las jóvenes a buscarse un trabajo para poder pagar los gastos que conlleva un hogar así, lo cual les resta una considerable cantidad de tiempo a la hora de atender a las obligaciones que se derivan de su paso por la universidad.

Lo que está claro es que la mejora de los datos relativos al número de estudiantes que se decanta por las residencias no proviene de la más absoluta casualidad. Es algo que, muy al contrario, responde a una causa y que va a seguir siendo tan real como la vida misma en los próximos años. Y, por cierto: la gran cantidad de todas aquellas personas que se decantan por las residencias (tanto los propios estudiantes como sus familiares, que al final son los que suelen pagar la estancia) están contentos y contentas. ¿Qué más se puede pedir?

 

 

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