Por qué aplazamos la cita con el dentista.

Todos sabemos lo importante que es la salud dental. Debemos cuidar nuestra boca. Pero en ocasiones, cuando tenemos que ir a la clínica dental, nos aparece de repente un compromiso ineludible, llamamos por teléfono y cambiamos la cita para otro día. No pasa siempre, ni a todas las personas. Generalizar no es bueno.

Todos sabemos lo importante que es la salud dental. Debemos cuidar nuestra boca. Pero en ocasiones, cuando tenemos que ir a la clínica dental, nos aparece de repente un compromiso ineludible, llamamos por teléfono y cambiamos la cita para otro día. No pasa siempre, ni a todas las personas. Generalizar no es bueno. Pero en muchos casos visitar al dentista dispara una serie de resortes mentales que desplazan este compromiso a un nivel inferior en nuestra tabla de prioridades. La visita al dentista va a generar más beneficios que desajustes.

Es cierto que llevamos una vida ajetreada. Las 24 horas del día no nos dan para hacer todo lo que quisiéramos hacer. Nos cuesta encontrar un espacio de tiempo para realizar cualquier cosa que salga de la rutina. Asociamos ir al dentista con ocupar una pequeña parte de ese tiempo del que no disponemos. Tenemos reticencias para ajustarnos a la hora que nos han dado en la clínica, incluso cuando nos han ofrecido dos o tres horarios distintos.

Otra cuestión que nos tira para atrás es la duración de los tratamientos. Sabemos que nuestra boca no está bien y que esa visita que hemos concertado no es más que la primera de otras que vendrán después. Sí nos ha costado encontrar un hueco en un día, cuanto más hacerlo dos veces por semana. Es cierto que cuando empezamos algo tendemos a continuar, sobre todo si tiene una fecha fija de finalización. Nos pasa igual con un tratamiento dental que con un cursillo. Pero algunas personas se cansan a mitad y abandonan, lo cual no deja de ser un grave error.

Pensamos que cuando terminemos el tratamiento, el dentista nos va a encontrar otra cosa y nos propondrá un tratamiento nuevo. Sabemos que esa muela picada, que nos generaba un dolor insoportable, no es más que uno de los muchos problemas que presenta nuestra boca. No estamos dispuestos a convertir la visita a nuestro dentista en un hábito. Por lo general, los dentistas son pacientes, señalan el problema y proponen el tratamiento. La última palabra la tienes tú. El odontólogo insistirá solo si ve que la incidencia es grave o está muy avanzada.

Y desde luego, algo que nos preocupa es el coste de los tratamientos. La medicina odontológica es cara. Hay que cubrir unas instalaciones y unos materiales que ya son costosos de por sí. Gracias a esa inversión vas a recuperar la operatividad de tu boca, un aspecto sano del que sentirte orgulloso y muchas molestias y dolores que puedan aparecer en un futuro.

Razones para no aplazar la cita.

En el Heraldo de Aragón aparece un artículo muy interesante sobre los riesgos de no ir al dentista. En este artículo te comentamos 3 razones de peso por las que no aplazar la cita que habías fijado con la clínica.

  1. La siguiente visita puede ser demasiado tarde.

Pedimos cita cuando sufrimos un problema grave o doloroso. El dentista nos da hora lo antes posible para tratar ese problema de urgencia. Si desestimamos esa hora, la clínica tendrá que volvernos a fijar otra cita cuando tenga un hueco y tú puedas asistir. Aunque hayamos logrado calmar el dolor de la infección automedicándonos con algún analgésico, como el paracetamol, la causa de la infección sigue existiendo. No ha desaparecido, se va desarrollando. Generando un problema mayor que dará lugar a episodios de dolor esparcidos en el tiempo. La mayoría de las enfermedades bucodentales se pueden corregir y eliminar con una intervención temprana. De ahí lo importante de abordarlas lo antes posible.

  1. Porque una infección bucodental no afecta solo a la boca.

Muchos estudios científicos corroboran que los elementos patógenos que están presentes en las infecciones bucales pueden causar patologías que aparecen en otras partes del cuerpo. Una encía inflamada es la puerta de entrada de bacterias en nuestro organismo. Debido a esa infección, las bacterias entran en el torrente sanguíneo, instalándose en otros órganos y actuando cuando los ven más débiles. En estos pacientes aumenta la posibilidad de sufrir lesiones musculares e incluso problemas cardiovasculares.

El odontólogo Enric Fernández Castellano publicó un artículo en La Gaceta Dental en el que afirmaba que las personas que padecían enfermedades infecciosas crónicas en las encías tenían más posibilidad de sufrir problemas de corazón en el futuro. Cada vez está más clara la relación entre salud bucodental y el aparato circulatorio.

  1. No colocar un implante dental a tiempo añade complicaciones.

Cuando pierdes un diente o una muela, la funcionalidad de tu dentadura se ve afectada. Los dientes se desplazan. Tienden a empujar hacia el espacio libre, invadiéndolo. El hueso alveolar que sostenía la pieza caída se contrae, con la consiguiente pérdida de volumen óseo. Cuanto más tiempo pase, más complicado será colocar el implante.

La perdida de dientes no tiene solo un efecto estético. El hueco libre que deja el diente es un punto de entrada y concentración de bacterias, que pueden dar lugar a otras infecciones. La funcionalidad de la boca se ve afectada, lo cual influye en habla (dificultad para pronunciar determinados fonemas) y en el masticado de los alimentos. Desplazando la tarea de trituración a otros órganos, como el estómago, que no están preparados.

La causa de la visita oculta otros problemas.

Pensamos en acudir al dentista cuando observamos una situación alarmante. Un fuerte dolor de muelas, sangrado recurrente de las encías, caída de dientes. Este hecho que nos ha llamado la atención suele ser la punta de iceberg. Nuestra boca está sufriendo y ha emitido una señal de S.O.S. para que nos demos cuenta. En ocasiones, la causa de nuestra visita encierra problemas más graves.

Una muela picada por caries no suele afectar solo a esa pieza dental. La caries va erosionando el diente, taladrándolo hacia dentro. El dolor aparece cuando llega al nervio. El corazón bombea sangre a la muela para expulsar los agentes patógenos que están entrando en el organismo a través de la infección. La caries es una enfermedad que se propaga por toda la dentadura. Se extiende a las piezas bucales colindantes al diente afectado.

El sangrado recurrente de las encías, sobre todo cuando nos cepillamos los dientes, es un síntoma de una infección bacteriana llamada gingivitis. La placa bacteriana que se forma en la boca entra en las encías a través de pequeñas grietas en el tejido gingival, aquel que recubre la base de los dientes. Si no se erradica a tiempo, puede desencadenar enfermedades más graves como la periodontitis, que da lugar a la pérdida de piezas dentales y a la erosión de los huesos sobre los que se sustentan.

La sensibilidad dental, dolor en los dientes al tomar alimentos fríos o calientes indica que la dentina, la parte interna del diente, ha quedado al descubierto. Se ha producido un desgaste del esmalte que recubre al diente en uno o varios puntos. Puede ser debido por el avance de la caries o por un retroceso del tejido gingival de las encías. Eliminarlo de una forma definitiva implica abordar sus causas.

La mayoría de estos problemas se pueden prever y evitar antes de que aparezcan. De ahí viene la necesidad de visitar al dentista dos veces al año. Con ello se testea nuestra dentadura y se realiza un seguimiento de la salud de nuestra boca.

Que debe ofrecer el dentista.

Los odontólogos de Espai Dental OLVE, una clínica dental ubicada en Cornellà de Llobregat (Barcelona) opinan que el trato cercano y personalizado es el clave de una buena atención a los pacientes. Los pacientes no deben ajustarse a los horarios de la clínica, sino que es la clínica la que debe adaptarse al tiempo del que disponen los pacientes.

La clínica dental debe ofrecer facilidades para contactar con ellos. A través de internet y por teléfono. Deben mostrarse accesibles y dar la imagen de proximidad. Sobre todo han de generar confianza. Algo que se gana en los hechos. Desde cómo se recibe al paciente que los visita, hasta como se organizan los tratamientos o la atención que se les presta en las sesiones. El paciente debe sentirse cómodo, comprendido y cuidado.

El precio y financiación de los servicios es otro de los temas que debe tener en cuenta la clínica. Ofreciendo unas tarifas atractivas y unos sistemas de financiación, cuando proceda, acorde con el bolsillo del paciente. El aspecto económico no puede ser un impedimento para que el paciente pueda resolver sus problemas bucodentales.

Y por supuesto, la calidad. El resultado final del tratamiento debe superar las expectativas que tenía el paciente, resolver sus problemas de salud y adelantarse a otros futuros. Empleando de forma profesional los medios y tecnología que se tiene al alcance. El dentista debe ser honesto y presentar con toda claridad la situación que se encuentra la boca del paciente, para que este pueda tomar sus decisiones libremente.

Aplazar la cita con el dentista, salvo por razones de fuerza mayor, no es una buena actuación. Sus beneficios son siempre mayores que los desajustes que puedan ocasionar en nuestra agenda.

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