En septiembre aumentan los tratamientos estéticos.

Tratamiento estético

En el mes de septiembre, las clínicas estéticas y salones de belleza reciben un aluvión de clientes con la intención de mejorar su aspecto y recuperar la forma perdida durante los meses de verano. Algunas clínicas del sector señalan que la demanda aumenta hasta un 40%.

Septiembre representa la vuelta al trabajo. Es el comienzo del año laboral. Aunque tenemos un calendario establecido, en los hechos, nuestra vida se rige por los ritmos de producción. Acaba de terminar el verano y regresamos a la rutina. Volvemos a la oficina o a nuestro lugar de trabajo; los niños vuelven a la escuela. Nos sumergimos de nuevo en la dinámica de lo que solemos llamar una vida normal.

Con las energías renovadas, después de haber pasado unos días de descanso, es el momento propicio para afrontar nuevos retos, para iniciar nuevos proyectos. Ya no solo a nivel profesional, también en lo que se refiere a nuestra imagen personal. Tras habernos relajado un tiempo: sol, playa, chiringuito, nos sometemos a la disciplina. Y claro, para afrontar cualquier transformación, incluido un tratamiento estético, tenemos que disciplinarnos. Acudir a las citas que tenemos concertadas en la clínica, seguir las instrucciones del especialista.

Volvamos al año natural, al del calendario. Con septiembre se inicia el último trimestre; o mejor dicho, el último cuatrimestre del año. La última oportunidad que tenemos para alcanzar esos propósitos que nos fijamos el 1 de enero. Nos enfocamos en conquistar nuestras metas. En dejar de fumar, en perder esos kilos de más, en aparentar que tenemos 20 años menos de los que hemos cumplido. Así, de esta manera, cuando llegue Navidad, el año que termina será un éxito.

Este planteamiento, esta filosofía de vida, tiene mucho que ver con la estética. Pues la estética no es más que la manifestación de cómo nos tratamos y cómo queremos que nos vean los demás.

El mejor mes para iniciar un tratamiento. 

Los profesionales de Cenydiet, una clínica de estética integral, de Linares (Jaén), que llevan más de 20 años realizando tratamientos de estética y belleza, incorporando los últimos adelantos tecnológicos en sus servicios, opinan que septiembre es el mejor momento para iniciar un tratamiento estético. Así lo manifiestan en el blog de su página web. No porque volvamos a la rutina, como acabamos de señalar, sino porque la piel ha sido duramente castigada en verano, y en septiembre cambian las condiciones climatológicas, lo que facilita la recuperación.

En verano, por la intensidad del sol, el calor, la deshidratación y el tiempo que pasamos en la calle, al aire libre, nuestra piel está sometida a una agresión continua. Muchos de nosotros nos ponemos crema solar, sobre todo para ir a la playa, pero la radiación ultravioleta es tan fuerte que el protector solar solo ofrece una pequeña barrera superficial. Lo suficiente como para que el sol no haga más estragos. Si a eso le añadimos que, por el calor y el sudor, nuestra piel se deshidrata, no es raro que la epidermis se reseque.

Por esta razón es frecuente que, a medida que avance el verano, nos aparezcan manchas en la piel, que se acentúen las líneas de expresión o que nos surjan nuevas arrugas en el rostro.

Cuanto antes abordemos estos daños, más fácil será revertirlos. Y lo mejor de todo es que en septiembre cambia la climatología. Aunque oficialmente estemos en verano hasta el 23 de septiembre, lo cierto es que a principios de ese mes las temperaturas se suavizan y la radiación solar no es tan intensa. Se crean unas condiciones favorables que facilitan la recuperación de la piel, si seguimos el tratamiento adecuado.

Los tratamientos más demandados. 

Consultando algunas páginas web especializadas y hablando con algunos expertos en la materia, me he podido percatar de que los tratamientos estéticos que más demandamos van en dos direcciones: combatir los signos de la edad y corregir imperfecciones.

A todos nos gustaría tener la piel y el cuerpo de cuando teníamos 20 años, pero el tiempo pasa implacable y deja huella en nosotros. Pienso que esa preocupación por vernos más jóvenes siempre ha existido. Llámalo coquetería, llámalo vitalidad. Pero es que ahora, por el estilo de vida que llevamos, parece que no hubiera una correspondencia entre la edad cronológica y la edad emocional. En espíritu nos sentimos jóvenes, nos encontramos físicamente activos, pero la apariencia del cuerpo, y especialmente del rostro, no acompaña. No hay armonía.

Al mismo tiempo, todos tenemos algún rasgo físico del que no estamos del todo satisfechos. Nos gustaría que fuera de otra manera. Que nuestros pómulos fueran más redondeados, en lugar de dar una imagen tan escuálida. Que nuestros labios fueran carnosos. Si tenemos la ocasión de corregirlo, no dudamos en hacerlo.

Te comento algunos tratamientos que están siendo muy solicitados últimamente y otros que me han llamado la atención por su novedad.

Relleno de ácido hialurónico. 

Dice la revista Mía que las infiltraciones de ácido hialurónico son el tratamiento estético más demandado. Se practica por medio de pequeñas inyecciones en la parte de la piel en la que se desea intervenir, hidrata las capas de la dermis, moldea ligeramente los volúmenes y tiene un efecto rejuvenecedor inmediato.

El ácido hialurónico es una sustancia que el organismo produce de forma natural y que desempeña un papel fundamental en la hidratación y elasticidad de los tejidos. Se encuentra especialmente en la piel, aunque también está presente en las articulaciones, donde actúa como lubricante y ayuda a mantener los huesos y los músculos en buen estado.

Una de sus propiedades más importantes es su extraordinaria capacidad para retener agua, pudiendo almacenar hasta mil veces su propio peso. Gracias a ello, aporta volumen, mejora la hidratación de la piel y contribuye a que el rostro tenga un aspecto más firme y luminoso.

En medicina estética se emplea ácido hialurónico obtenido mediante procesos biotecnológicos. Su composición es similar a la de la sustancia natural del organismo, por lo que ofrece una excelente compatibilidad. Con el paso del tiempo, el cuerpo lo reabsorbe de forma gradual. La duración de sus efectos depende de la zona tratada y del tipo de producto utilizado, aunque suele oscilar entre seis meses y dos años.

Los tratamientos más habituales incluyen el aumento y perfilado de labios, la recuperación del volumen de los pómulos, la corrección de los surcos nasogenianos, el tratamiento de determinadas ojeras y el relleno de arrugas marcadas. También se utiliza para mejorar el contorno facial y equilibrar determinadas proporciones del rostro.

La mesoterapia.

Este es un tratamiento médico poco invasivo, de nueva generación. La mesoterapia es un tratamiento de medicina estética que consiste en realizar pequeñas microinyecciones en las capas superficiales y medias de la piel para estimular los mecanismos naturales de regeneración. Tal y como explica la Universidad Internacional de La Rioja en un artículo dedicado a esta técnica, el procedimiento introduce diferentes principios activos en el mesodermo, la capa de la piel donde se desarrollan numerosos procesos de reparación y renovación celular.

A diferencia de otros tratamientos estéticos, la mesoterapia no busca rellenar arrugas ni modificar el volumen del rostro. Su objetivo es activar la respuesta natural del organismo. Para ello se emplean preparados que pueden contener vitaminas, aminoácidos, minerales, ácido hialurónico, antioxidantes y otros compuestos, cuya combinación varía según las necesidades de cada paciente y la zona que se vaya a tratar.

En la mesoterapia facial, estas microinyecciones estimulan la actividad de los fibroblastos, las células responsables de producir colágeno y elastina. Como consecuencia, la piel recupera firmeza, elasticidad e hidratación, adquiere un aspecto más luminoso y mejora su textura de forma progresiva. El resultado no consiste en transformar los rasgos faciales, sino en favorecer una piel más sana y de mejor calidad.

La mesoterapia corporal persigue un objetivo diferente. Se utiliza para mejorar la apariencia de la celulitis, favorecer el drenaje de líquidos retenidos y ayudar a reducir pequeños cúmulos de grasa localizada. Habitualmente, se aplica en zonas como muslos, glúteos, abdomen o brazos, siempre como complemento de una alimentación equilibrada y de la práctica regular de ejercicio físico.

Se trata de un procedimiento poco invasivo que suele realizarse en sesiones breves y que apenas requiere tiempo de recuperación. Los resultados aparecen de forma gradual, ya que dependen de la respuesta biológica de cada organismo y de la capacidad de la piel para regenerarse de manera natural.

Radiofrecuencia.

Las sesiones de radiofrecuencia son otra de las novedades que se ha introducido con éxito en la medicina estética. La radiofrecuencia estética es un tratamiento no invasivo que utiliza energía electromagnética para mejorar el aspecto de la piel sin necesidad de recurrir a la cirugía. A través de un aplicador que se desliza sobre la superficie de la cara o del cuerpo, el equipo genera ondas de radio que producen un calentamiento controlado en las capas profundas de la piel. Este aumento de temperatura desencadena una respuesta en el organismo, estimulando la producción natural de colágeno y elastina, dos proteínas esenciales para mantener la piel firme y elástica.

En los tratamientos faciales, la radiofrecuencia se emplea para combatir la flacidez y mejorar la calidad de la piel. Al activar los fibroblastos, las células responsables de fabricar colágeno, el rostro recupera progresivamente tensión y luminosidad. Además, las líneas de expresión y las arrugas finas pueden suavizarse, consiguiendo un aspecto más firme y descansado sin modificar los rasgos naturales de la persona. Los resultados aparecen de forma gradual y suelen mejorar conforme el organismo genera nuevas fibras de colágeno.

La radiofrecuencia también tiene aplicaciones corporales. En este caso, el calor actúa sobre el tejido subcutáneo, favoreciendo la circulación sanguínea y el drenaje linfático. Este proceso ayuda a mejorar la apariencia de la celulitis, reducir la flacidez y tratar pequeñas acumulaciones de grasa localizada. Por ello, es frecuente utilizarla en zonas como el abdomen, los muslos, los glúteos o los brazos como complemento de otros tratamientos estéticos.

Aunque se trata de una técnica segura cuando se realiza correctamente, es importante que sea aplicada por profesionales cualificados. El cirujano estético Javier Capote recuerda en un artículo publicado por Telva que un uso excesivo de la radiofrecuencia facial puede producir efectos no deseados, como inflamación persistente en el rostro o una pérdida excesiva de grasa subcutánea. Por este motivo, el tratamiento debe adaptarse a las características de cada paciente y realizarse con una intensidad y una frecuencia adecuadas para obtener resultados naturales y seguros.

Cuidar la alimentación. 

Los tratamientos estéticos que vamos a emprender en septiembre buscan, entre otras cosas, recuperar la salud de la piel y la apariencia física respecto a los excesos del verano. Pero esto no puede durar en el tiempo si no cuidamos nuestra alimentación. En este caso concreto, la nutrición está relacionada directamente con la estética.

En verano hemos desatendido un poco nuestra alimentación. No hemos sido estrictos en los horarios de comida; hemos tomado demasiados fritos y tapas. Hemos abusado de alimentos con exceso de azúcar: helados, refrescos, etc. Que aunque nos refrescaban, nos han traído unos kilos de más.

El blog de la cadena de supermercados Super Dumbo nos invita a recuperar la comida sana y saludable. A priorizar el consumo de productos frescos y de temporada. Como frutas, verduras, legumbres; pero también carnes magras y pescado azul. Si nos estamos sometiendo a un tratamiento estético, nuestro cuerpo lo va a agradecer. Quieras o no, potencia el efecto rejuvenecedor y regenerativo del tratamiento.

Es preciso, según señala este blog, que dediquemos tiempo a planificar la comida. Se acabó esa tendencia a comer de capricho por la que nos hemos dejado llevar cuando estábamos de vacaciones. Es recomendable que nos detengamos un momento a planificar lo que vamos a comer durante la semana, con el objetivo de mantener una alimentación equilibrada, antes de efectuar la compra semanal.

Y desde luego, siempre que podamos, debemos cocinar en casa. Somos muchos los que nos llevamos el tupper al trabajo. Digamos que ya no desentonamos en eso. Además de ahorrarnos dinero, controlamos lo que comemos.

Recuperar la rutina de sueño y hacer algo de ejercicio son otras de las cuestiones que nos ayudarán a reponernos de los efectos negativos del verano.